Manifiesto Andalucista
por el 4 de Diciembre
Han pasado 36 años. Toda una vida. Pero
aún pueden resonar en los oídos de quienes tuvieron la fortuna de participar en
la más impresionante y masiva movilización en la historia de este milenario
pueblo el estruendo de sus gargantas: ¡¡¡Andalucía, Autonomía!!! O como
magistralmente resumió la voz de ese pueblo hecha copla: En el 4 de
diciembre/se levanta Andalucía/y enarbola su bandera/exigiendo Autonomía.
Envueltos en la verde y blanca dos
millones de andaluces salimos a las calles en una jubilosa marcha de
reencuentro con nuestra identidad nacional para marchar, juntos, hacia un
futuro de paz, libertad, igualdad y justicia. Estábamos convencidos de que
nuestra unidad como pueblo y nuestro entusiasmo eran las herramientas que nos
permitirían construir la Andalucía libre y próspera con la que todos soñábamos.
Ese futuro, nuestro presente, se ha convertido en una inquietante pesadilla.
Nuestras aspiraciones de entonces, los logros conseguidos gracias al esfuerzo
de todos, las conquistas que creíamos irreversibles, las esperanzas de resolver
los problemas que aún arrastrábamos, corren el riesgo de verse arrasados. Ya
hay miles de familias andaluzas arrojadas al infierno del paro y de la
exclusión social, y las que cuentan con trabajo cada vez tienen más
dificultades para llegar a fin de mes. El deterioro de los servicios públicos
esenciales, el hundimiento de la inversión pública, los recortes generalizados,
ya no pueden ser tapados por la verborrea de unos políticos que, a derecha e
izquierda, se han sucedido en su oligárquico cenagal durante los últimos años.
De la misma manera que hace 36 años el
pueblo andaluz asombró a los otros pueblos de España con su afirmación por la
libertad, la igualdad y la justicia, tenemos la oportunidad de volver a ser una
referencia en estos momentos de absoluta confusión. Si fuéramos capaces de
actuar con conciencia de pueblo, cohesionados en defensa de nuestros intereses,
firmes antes los que desde fuera pretenden saquearnos, seríamos
invencibles.
Desde la más absoluta humildad, los
andalucistas nos volvemos a ofrecer a nuestro pueblo, como en otros momentos
históricos lo hicimos, para emprender esa misión, para rebelarnos contra el
sufrimiento de la inmensa mayoría de los andaluces que a cambio de años de
sudor y entrega a sus familias, sus vecinos, sus trabajos, sólo reciben hoy
mentiras y promesas huecas. No tenemos ninguna receta mágica. Somos como
nuestro pueblo: ciudadanos hartos de tanta incompetencia y tantas traiciones.
Pero no nos rendimos porque tenemos una
fe indestructible en nuestra capacidad para salir adelante si nos decidimos a
ello. Porque la voluntad de ocho millones de hombres y mujeres libres no puede
ser ahogada por muy poderosos que sean los tiranos. Porque, como hace 36 años
ya lo demostramos, cuando Andalucía
quiere, puede.

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